Vera

I

Jacqueline sonrió apenas cruzó la puerta, sus ojos se enternecieron, pero pensó que ya era hora. Los monitores de la habitación le habían hecho entender que las cosas no andaban bien, y la última vez que se sintió así de lucida el calendario marcaba dos días menos que lo que hacía ahora, “gracias a dios las drogas me ayudan a recobrar mi sanidad justo cuando ella llega, debe saberlo”, pensó. Le hizo un gesto con la mano para que se siente a un lado, Vera le hizo caso y le extendió el vaso con agua que se hallaba en el velador. Miró las flores alrededor del cuarto de su tía, y dijo “menos mal estás intubada, porque este aroma te haría pensar en tu velorio”. Jacqueline botó el agua mientras se reía, se sentó con esfuerzo, dejó el vaso a un costado y trató de tomar su mano.

Debo contarte algo – le dijo, con más certeza de lo que pensó que podría.

– ¿Estás bien? Me asustaste – Vera le hablaba con ternura, pero con sabiduría, su voz emanaba mucho de ello, incluso desde que era niña (“lo sacó de su padre”, pensaba Jacqueline cada vez que la escuchaba, “como me recuerda a su padre”)

No me queda mucho, no se llega a mi edad nunca en buenas condiciones –

Jacqui, estás regia –

No seas mentirosa, hace rato que este cuerpo no es capaz de hacer nada bien – sonrió por el halago – ni siquiera me sirvió para generar hijos que me acompañen acá –

– ¿Qué estás diciendo? Tú sabes que fuiste como mi mamá –

– Solo porque tu papá me rogó que lo ayudara a escudarte de tu madre –

– Es la primera vez que me mencionas a mi madre, me acuerdo bien de Belén, pero nunca hablas de ella –

– Es que Belén era peligrosa, me costó entender cuántas veces tu papá me decía aquello –

– ¿No eras amiga de ella? Cuando le preguntaba a mi papá por quien eras tú, él siempre me decía una conocida, jamás una amiga, pero por lo mucho que estuviste presente, siempre pensé que eras amiga de mi mamá –

– No era amiga de ninguno de los dos – El rostro de Vera empezó a desfigurarse, la sabiduría y la serenidad de su voz fueron reemplazadas por una respiración ansiosa que, de nuevo, a Jacqueline le recordaba a Genaro – Tranquila, preciosa, es de lo que te tengo que hablar. Si mal no recuerdo, me quedan tres horas, en el sueño eran las 11:57 de la mañana cuando empezábamos a hablar, y eran las 15:05 cuando ya no podía ver; la habitación era la misma, la Vera de mi sueño era exactamente igual a como eras tu ahora, y aun así, lo soñé hace 61 años –

¿De que estás… – preguntó Vera desconcertada, a lo que Jacqueline se sumó c a completar la pregunta al mismo tiempo y con las mismas palabras – …hablando? ¿Te están fallando los remedios? ¿Llamó a la enfermera? – Vera soltó la mano de su tía asustada y se puso de pie en un sobresalto.

Tranquila, preciosa, sabía que reaccionarias así… es exactamente de lo que debemos hablar-

Vera se sentó, agarró el vaso vacío de su tía y la jarra de agua, se sirvió un vaso y lo tomó de una. “¿Qué está pasando?” se preguntó, pero antes de decir nada, Jacqueline se largó a hablar.

II

– Genaro y yo teníamos una buena diferencia de edad cuando nos conocimos, y no, jamás hubo una relación romántica entre nosotros; yo estaba en cuarto medio cuando él acababa de regresar de su doctorado y empezó a trabajar en mi colegio. Era mi profesor de castellano, a la par que el jefe de UTP y yo la presidenta del centro de alumno; lo admiraba, me guio mucho, e incluso por él terminé siendo yo misma profesora, de filosofía, pero es que quería educar por mi admiración a él. Habían pasado varios años desde que nos viéramos, yo ya había terminado la Universidad, y estaba estudiando mi master en Historia, para poder dedicarme a hacer teoría, cuando lo soñé por primera vez, estaba en un comedor grande, con una estufa magallánica, un papel mural damasco, una tasa de café y una joven rubia, de ojos verdes, que me contaba que había entrado a estudiar pedagogía como yo, su papá y su abuela, solo que de Historia, porque quería hacer Historia; es más, quería desarmar mis teorías y armar escuela. Yo le decía que sonaba como su papá, y ella me pedía que le contara de él, que lo extrañaba mucho. Jamás dijo su nombre, pero yo a ella lo llamé por el suyo, “Vera” –

– Tía, estás confundiendo tus recuerdos con tus sueños, eso pasó” –

– Sí, dos veces, hace 61 años cuando lo soñé, y hace 42 cuando lo viví – déjame seguir – Cuando desperté recordaba el sueño con exactitud, pero era eso, un sueño. Una semana después volví a soñar contigo, esta vez estabas embarazada y estabas dando a luz a Francisco. Tenías quince años –

– Y lo criaste tú, y fue un hombre maravilloso –

– Sí, y en ese sueño sentía como ese niño iba a ser mi premio por algo, mi futuro, mi destino –

– Como extraño al Pancho – Vera se entristeció por el recuerdo – cuando veo a Luis, mi nieto, es como mira los ojos de su padre –

– Menos mal fue prematuro como tú –

– Pero suicida como mi papá – había un dejo de resentimiento en la voz de Vera al pronunciar esas palabras – Maldita depresión que se aloja en nuestros hijos –

– Es parte del precio que pagó tu papá por desafiar al destino –

– Ya de nuevo no estás teniendo sentido –

– Déjame retomar mi historia, y entenderás ¿Ya? –

– Dos días después de soñar con el nacimiento de Francisco volví a soñar contigo, esta vez tenías unos meses y yo te tenía en brazos. Genaro estaba conmigo. Cuando desperté pensé “¿he estado soñando con mi hija’” ¿por qué Genaro está allí conmigo?”. Así que lo busqué, no me costó tanto, me lo encontré en la óptica de tu abuela, nos abrazamos y reencontramos, le conté de mi vida, y su miraba me fascinó, Tenía una pureza e inocencia increíble, le pedí que nos fuéramos a tomar un café, convencida que estaba en una carrera contra el tiempo; en el sueño que te tenía en mis brazos había un calendario, y la fecha era muy cercana a la que estábamos, si quería que los sueños fueran reales, debía esforzarme. Lo seduje, tu padre estaba sumamente cerrado, estaba demasiado herido por lo que Belén había hecho, cosa que yo no sabía, y yo estaba convencida que yo sería la madre de su hija –

– Lo fuiste –

– No en ese sentido. Un día lo visité de sorpresa en su casa, tu papá estaba dibujando, era demasiado bueno, y aunque no había pasado nada, me desnudé. Me preguntó que hacía, y yo para no cortar su confianza, le dije, quiero que me retrates, quiero que hagas un desnudo mío. Tu papá lo hizo, y mientras me dibujaba abajo, noté como se excitaba, me acerqué y lo besé, e hicimos el amor en el suelo. Después de una hora, cuando estábamos acurrucados acariciándonos, él mirándome desconcertado, asustado, pero fascinado, sonó su teléfono. Era Belén que le hacía videollamada, Genaro contestó agarrando el teléfono en un ángulo que yo no me veía, pero si veía. Hacía años que no veía a Belén, había sido mi profesora en la Universidad, una Historiadora en la cual yo confiaba muchísimo, casi de la misma edad que Genaro, rubia, ojos verdes; muy parecida a ti, y por el ángulo de su cámara, o bien estaba con un peto sin mangas, o también estaba desnuda mientras llamaba. No es azaroso el comentario, te estoy diciendo las cosas tal como las recuerdo, con la mayor cantidad de detalles –

– Demasiado detalles, solo te faltó decirme cual era… –

– Te salvaré de la imagen – Jacqueline sonrió, pero se apresuró a tratar de resumir la conversación entre Genaro y Belén.

III

– Necesitaba hablar contigo – dijo Belén desesperada.

– No tenemos de nada que hablar – dijo Genaro enfurecido, más que nunca lo había visto en mi vida.

– ¿Entonces porqué me contestaste? – yo pensé lo mismo mientras Belén le decía con ironía esas palabras.

– Porque a pesar de lo que hiciste, me pillaste volando bajo, y hace un rato, mientras le hacía el amor a otra mujer, pensaba en ti – Me sentí ofendida, pero luego lo entendí. Genaro giró la cámara para que yo me pudiera verla, y la saludé con la mano. El nuevo ángulo dejaba demasiado en vista la desnudez de ambos, y a Belén le molestó – Ella es Jacqueline –

– Sí, la conozco, fue mi alumna en la Universidad – sonrió – Anoche soñé contigo Jacqui, no entendía porque… pero es curioso –

– ¿De que hablas, Belén? – interrumpió Genaro.

– Llevo noches soñando con Jacqueline, y el sueño siempre era el mismo, nos encontrábamos en un aeropuerto, yo le pasaba a un bebé, que no sentía como mi hija, pero que sabía era mía, la entregaba y ellas se iban – Belén se mordió el meñique izquierdo y luego el labio, señal que Genaro sabía significaba que se acababa de dar cuenta de algo. Yo me acababa de dar cuenta que también había soñado con eso, solo que siempre yo estaba en un aeropuerto con una niña que sentía que no era mía, pero era mi hija – Y anoche tuve un sueño brutal. Soñé con… –

– Vera – los tres lo dijimos al mismo tiempo.

– Genaro, ¿estás en tu casa? – dijo Belén – Voy para allá –

IV

Mientras esperábamos que Belén llegaba nos mantuvimos en silencio, no queríamos decir nada, pero nuestros ojos decían todo; estábamos como en trance, hicimos el amor nuevamente, y estábamos en ello cuando sonó el timbre. Tu papá abrió la puerta completamente excitado, besó a Belén de forma apasionada, le quitó el abrigo que cubría lo nada que ella llevaba e hicieron el amor. Y mis cálculos lo decían, ese era el día que eras engendrada, solo que no conmigo. Lo siento por tantos detalles, pero es que Belén era tu mamá, tanto como yo lo era. Mientras tanto, yo busqué mi ropa, frustrada agarré la ropa de Genaro, esperé que terminaran y los esperé en la cocina con unas tasas de café, ella se puso su abrigo, él se vistió y nos sentamos a tratar de entender que estaba pasando.

– ¿De donde se conocen y que ha pasado entre ustedes? – les pregunté – Hay mucha Historia entre ustedes –

– El destino nos unió, y creo que, a los tres, ahora que lo pienso – dijo Belén.

– No digas estupideces, cada vez que sales con tu cosa del destino lo usas para justificar cada aberración – Genaro la miraba con odio, un odio tan profundo que no entendí como pudo estar amándola tan apasionadamente minutos atrás – ¡estuve preso por tu culpa! –

– Yo no hice nada –

– ¿Quién mierda manipulo a Alejandra para pensar que yo la acosaba? –

– ¿Tu ayudante? – le pregunté a Belén – ¿Qué pasó con ella? Escuhé los rumores que la habías echado de la nada –

– La acosabas – Belén le dijo a Genaro con certeza – Era eso, o me engañabas con ella –

– Dos cosas, no podía engañarla con ella, si tu y yo no estábamos juntos; y segundo, jamás estuve con ella. Éramos solo amigos, la conocí cuando entró a hacer su práctica en mi colegio, y nos dimos cuenta lo parecido que éramos, las cosas similares que habíamos vivido; había empatía –

– Empatía, calentura yo diría… tienes un hábito de acostarte con mis exalumnas – me miró con un poco de desprecio que me hizo sentir sucia – Pero nunca conmigo –

– ¿Nunca se habían acostado? – pregunté extrañada, lo que yo había observado era algo que ocurría entre dos personas que se conocían demasiado bien – Estoy confundida, dejen de ignorarme –

– Eso está solucionado – dijo Genaro en un tono arrogante que nos ofendió a ambas – Pero debes entender, nunca he dejado de pensar en ti – Su tono volvió a cambiar al de un hombre perdidamente enamorado, pero adolorido – Todos estos años han sido terribles –

-Yo no he ayudado –

– ¡Por la cresta! ¡Pesquenme! – Les grité – No están solo, no soy un adorno, y te acostaste conmigo primero… hace unas horas atrás, creo que soy parte de todo esto –

– Perdón Jacqui – dijo Belén – Genaro, ¿me dejas ponerla al día desde mi perspectiva?; después tu corriges y agregas lo que quieras.

V

Conocí a Genaro cuando estábamos en la Universidad, él estudiaba Castellano, yo Historia, pero compartíamos todos los ramos de educación. Yo estaba pololeando, Sebastián había sido mi pololo desde los quince años, y ahora estaba en Concepción estudiando arquitectura; Genaro estaba en la entrada de la Universidad hablando con Ernesto, ¿recuerdas a tu profe de Universal?, él, resulta que eran amigos desde el colegio, y bueno, él nos presentó, pero porque se lo pedí. A pesar de que yo hablaba con el Seba por teléfono cuando lo vi, la voz de mi pololo se hizo distante y solo tuve ojos para él; estaba sorprendida, jamás había pensado en otro hombre, pero quería besar a Genaro. Así que le pedí a Ernesto el número, y llamé a Genaro ese mismo día; agendamos salir a tomarnos un café, le escribí un email a Sebastián terminando con él, y traté de comenzar una relación con ese hombre que me tenía fascinada.

Los primeros meses fueron increíbles, pero él nunca me besaba, nos entendíamos a plenitud, nuestras conversaciones nunca acababan, yo le tiraba la mayor cantidad de señales, y nada pasaba. Un día, así de la nada, Genaro desapareció, estuvo dos meses sin ir a la U, y cuando volvió estaba raro, indiferente… pensé, llegó la hora, si no me la juego ahora, nunc, así que intenté besarlo, él me alejó, y yo resentida, me fui. Cuando nos volvíamos a encontrar me dolía, él estaba muy raro, indiferente, distante con todo el mundo, no saludaba a nadie, conversaba; sí, pero no abrazaba, no daba la mano, no saludaba… se mantenía distante, como si el mundo lo molestara. Y su presencia me comenzó a molestar, mi papá enfermó, y debí irme de vuelta a casa a acompañarlo, tenía cáncer, que afortunadamente superó, pero fue difícil. Convalidé mis estudios y volví a estudiar en mi ciudad natal. Un par de años después me ofrecieron hacer mi práctica en Santiago, y pasó la coincidencia que a él le ofrecieron la misma oportunidad. Nos encontramos en el metro, y era el Genaro de antes de su desaparición, conversaciones interminables, nos conectamos como nunca, y cuando él me intentó besar, mi celular sonó con un mensaje que me sacó de la zona, lo miré y era mi mamá, mi papá había fallecido. Seguí sin saber de Genaro por otros años más, volví con Sebastián, me pidió matrimonio, estábamos por casarnos, y entonces me volví a encontrar con Genaro, vivíamos en esta ciudad, yo llevaba poco tiempo acá y mi circulo estaba reducido, yo estaba sin pega, y él me ayudó a entrar a trabajar en su colegio. No me viste porque no te hice clases, estuve como un mes y me llamaron de la Universidad, el Seba movió contactos y me permitió entrar a trabajar allá.

Genaro y yo nos hicimos muy buenos amigos, nos conocíamos demasiado, pero mientras más tiempo pasábamos juntos, más me daba cuenta de que no podría pasar toda mi vida con el Seba. Así que, después de como tres años, y cuando ya quedaba como un mes para el matrimonio, terminé con él… sí, por whatsapp… soy muy mala para dar la cara, y Genaro estuvo para recomponer mis piezas; hasta que, después de unos meses vi a Genaro saliendo de un café con Alejandra, y me sentí tan idiota. Hablé con ella, le pedí que me explicara que pasaba, me dijo que él trabajaba en su centro de práctica, que eran amigos y que no había pasado nada; yo no le creí, me acerqué a Ignacia, la mejor amiga de Alejandra, y le pregunté, ella me dijo que le parecía raro, y yo le dije que él era raro, que de repente manipulaba a las personas así, que lo conocía de años. Una semana después estaban arrestando a Genaro, y yo me sentía tan arrepentida.

A Genaro lo declararon inocente, pero perdió la pega en su colegio, tocó fondo. Lo volví a encontrar después de dos años, estaba con una chica, Lorena, que era preciosa; tenia unos ojos llenos de vida, una alegría increíble. No quería acercarme a Genaro, me sentía culpable, pero necesitaba saber que estaba bien, así que me hice amiga de Lorena; ella era Kinesióloga, no tenía muchos amigos acá, pero era una dulzura de persona. Empezamos a salir, y un día yo había tomado mucho por lo que la Lore manejó mi auto, mientras me iba a dejar sonó su celular, me pidió que contestara, era Genaro, y yo perdí la cabeza, comencé a gritarles a ambos, la Lore se desconcentró y chocamos contra un árbol. A Mi me pasó muy poco, de allí la cicatriz que tengo en mi hombro, pero la Lore murió.

VI

– La Lore tenía dos meses de embarazo cuando murió – Genaro interrumpió con lágrimas en sus ojos y la voz entrecortada – No solo me quitaste a mi alma gemela, también a mi hijo –

– No sabía, lo siento – dijo Belén queriendo tomar su mano, que él rechazó de inmediato.

– Te odio tanto – le dijo – Te odio y me odio por amarte –

– ¿Me amas? – Preguntó, más que de sorprendida, se notaba incrédula – ¿Cómo puedes amarme? Te quité todo –

– Nunca quisiste hacerlo –

– Con la Ale fue consciente –

– Pero me hiciste un favor, después que murió la Lore me puse a escribir. Y me va genial, laboralmente hablando. Sentimentalmente, Jacqueline es la primera mujer con la que hago algo desde entonces, y siento tanto que al hacerlo las traicioné a todas – le tomé la mano comprendiendo lo que le estaba pasando.

– Cuando ella te intentó besar, tu estabas con hepatitis, ¿verdad? – le pregunté, y el asintió extrañado – Estaban en la entrada de la Universidad, tu ocupabas una parca negra y ella un chaleco tejido blanco, afuera llovía, y tras ello te encerraste en el baño a llorar de la frustración. No podías tocar a nadie, pero tu sentido de la responsabilidad te hacía querer seguir estudiando. Lo soñé, así como soñé de un tipo de pelo rubio y largo recibiendo un correo tuyo años después y emborracharse una y otra vez ante la incomprensión que le causaba el que negaras todo –

– ¿Cómo puedes saber eso? – preguntó Genaro, pero Belén se mordía el dedo meñique y sonreía.

– Todo ocurrió así poque el destino así lo quiso – dijo Belén en un tono que sonaba demente – Estas actuando como un agente del destino que quiere enmendar las cosas, y te aseguro que, si juntamos tus sueños con los míos y los de Genaro, que a pesar de que está callado, también los ha tenido – Genaro asintió – vamos a entender de que se trata esto –

VII

– Los tres dijeron Vera – mientras acariciaba su mano y miraba la hora, Vera le dijo a su tía, eran las 15:00, quedaban solo 5 minutos, y Vera estaba fascinada con el delirio de su tía. A pesar de todo, tenía sentido.

– Nos pusimos a hablar y pactamos criarte en conjunto, y no criarte en absoluto. Un mes después entendimos que las dos estábamos embarazadas, y no sabíamos aun quien de las dos sería la madre; yo perdí al mío, tu hermano… Francisco. Genaro estaba devastado, era segundo hijo no nato en su vida. Belén me pidió que no debía permitir que un hombre tan depresivo fuera importante en la vida de su hija, Genaro me pidió que impidiera que un monstruo como Belén sea importante en la vida de su hija; acordé ser el punto medio entre ambos, Te criamos entre los tres, yo más que todo, me casé con Domingo, quien te trató como una hija después que Genaro se suicidó, y después que Belén muriera de cáncer. Fuimos felices contigo –

– Pero, ¿por qué yo? –

– ¿Has visto lo que han hecho tus nietas? Los hombres en tu familia no habrán soportado las cargas, pero las mujeres… dios, que fuertes que han sido… y serán. Unos años más tu tendrás los sueños, pensarás en tus bisnietas, y les contarás su destino. Soy tu madre, porque tu alma es la de mi bebé que no nació, en el cuerpo de un bebé de una madre que por si no tenía alma. Somos mujeres de Historia, recuerda el mito de… –

Jacqueline no alcanzó a terminar y Vera lo entendió, con su último aliento a las 15:05 su tía, no, su mamá, le había revelado que todo era verdad, y le había dado la pista final; Vera siempre estuvo obsesionada con ese mito, con dinámicas de hechicería, y lo entendió…

Al volver a su casa fue hasta el sótano, y sobre una caja nunca abierta había un cuaderno. Era un libro, el de su papá, jamás le había tomado la atención al título: “El mito de la creación”, lo leyó al revés y al derecho, y contaba la historia de un hombre, con su mismo apellido, que había hecho un pacto con el destino, uno que terminaba con su bisnieta, sentada en un sótano húmedo con un libro en la mano, leyendo exactamente ese libro.

Cuentos Cuentos patéticos

Goran Y. Lausic King View All →

Profesor de Historia y Ciencias Sociales, egresado el 2008, Magister en Historia. Con un gusto y una formación literaria que se remonta a 1998, año en que desarrollé mi primera novela no publicada, y que no publicaré jamás (no está en condiciones).
Mi primera novel publicada fue A diez pasos a la oscuridad, publicada en Amazon, y me encuentro en etapa de diseño de portada para Página en blanco, mi segunda novela. Mientras escribo historia, novelas y demases, divulgo mi trabajo corto (cuentos y poemas, principalmente), por medio de este espacio en la web.

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