Salir de la pausa

El caminar era tan acelerado como su respiración, la ansiedad lo llevaba a lugares que su mirada encontraría solo minutos después, dándole una capacidad predictiva que solo servía de combustible para ese deseo incansable de verla; la había visto ayer, claro, tal cual como había sido los últimos dos años mientras el mundo se detuvo y ellos se vieron atascados en extremos diferentes de la ciudad, separados por patrullas de militares, personas en trajes de contención, mascarillas y rutinas que impedían que la vida se pudiera llevar de otra forma que no fuera por medio de la pantalla o el celular. La ansiedad lo golpeaba, hacía dos años que no sentía el sabor de sus labios ni el aroma de su perfume, había pasado tanto tiempo que su tacto había perdido la memoria de su piel, y la anhelaba… ¿pero aun la amaba? ¿o el deseo de verla, de lo perdido, había reemplazado a la sensación original? ¿y si a ella le pasaba lo mismo? Las inseguridades de cuando recién se conocieron volvieron a aparecer, sí, ella había estado presente cada día de los últimos años, pero ¿Quién era ella en ese momento? ¿Aun se amaban? ¿Cómo saberlo si ninguno de los dos pronunció la palabra, aunque en el caso de él fue por no presionarla?, ¿y en el de ella?, ¿Por no creer en decirlo a distancia?

La ansiedad hacía cosas curiosas, mientras caminaba y su respiración se aceleraba, no recordaba cuando fue la última vez que la escuchó decirlo, y su mente divagó a los peores momentos en que otras mujeres no lo dijeron y ello terminó por su corazón destrozado. Olvidó por un instante que ella había sido el ungüento que uniera esas piezas, y se detuvo por completo ¿valía la pena arriesgarse? No era lógico, no la veía en persona desde antes que el virus recorriera por su cuerpo, desde antes que la vacuna modificara sus defensas, y desde antes que las restricciones cambiaran su comportamiento… ¿era la misma persona que al comienzo del encierro? Se apoyó en una pared, tratando de tomar aire por un instante; intentó bajarse la mascarilla, pero recordó que ya no la traía, había sido tanto tiempo que la costumbre había quedado, sonrió por un momento al darse cuenta, pero ello fue solo eso, un instante, pues tras un parpadeo la duda nublo su consciencia y volvió a preguntarse si debía continuar el trayecto. Y allí escuchó su voz, sus pies lo habían llevado sin que se diera cuenta hasta el lugar del encuentro, y ella, con la misma mirada que el día que se conocieran le preguntaba si se encontraba bien, a lo que él respondió con un beso y una realización: el virus pudo detener sus sentidos, pudo detener su rutina, sus pensamientos… pero al final, si hay algo con lo que no pudo, fue detener sus sentimientos. La vida seguía adelante, la pausa… la pausa había concluido.

Cuentos patéticos

Goran Y. Lausic King View All →

Profesor de Historia y Ciencias Sociales, egresado el 2008, Magister en Historia. Con un gusto y una formación literaria que se remonta a 1998, año en que desarrollé mi primera novela no publicada, y que no publicaré jamás (no está en condiciones).
Mi primera novel publicada fue A diez pasos a la oscuridad, publicada en Amazon, y me encuentro en etapa de diseño de portada para Página en blanco, mi segunda novela. Mientras escribo historia, novelas y demases, divulgo mi trabajo corto (cuentos y poemas, principalmente), por medio de este espacio en la web.

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