Cubriendo las espaldas

Estaban parados en las sombras detrás de la pared, lo observaban con cautela, esperando en que momento cometía el error que sabía que vendría; el gringo lo juzgaba, sabía que su actitud era arrogante y eso le costaría un desliz inevitable, aun así, sabía que no debía contrariarlo, llevarle la contra podría significar que Jaime se aprovechara de la situación y desarmara la frágil alianza… y aún así, al ver como lo miraba sabía que el ansiaba el desliz, para poder recriminarle a Gabriel que de nuevo fallaba, que su rol como líder de la banda los iba a meter en serios problemas; solo Santiago miraba con orgullo, su hermano les iba a dar la vida que tanto ansiaban, y pensaba que en esos momentos lo único que podía lograr Gabriel era llevarlos a la gloria.

Pero él no lo sabía, Gabriel había pasado tanto tiempo absorto en su vida que había olvidado que sus hermanos lo seguían tan de cerca, más aun cuando conoció a Estefanía, y esta lo llenó de recuerdos de una vida más simple, lejos de puñaladas, traiciones, enredos y conspiraciones. No pensaba en sus hermanos cuando la tenía en frente, cuando entrando en esa sala de clases descubría como los ojos de ella se iluminaban al ver las posibilidades que el mañana les ofrecía, donde tan solo pensar en lo que lograrían ambos cuando la vida los llevara de la mano de la justicia, les permitía mirar todo con optimismo. Gabriel perdía de vista la razón de porque estaba allí, lo perdía porque se daba cuenta que lo único que veía era su mirada, incluso se le podía atravesar su hermano menor y él no le vería, estaba embobado. Y el gringo lo sabía.

Una tarde el gringo observó en silencio como Gabriel hablaba con Estefanía y con Carolina, la mujer que desde las sombras el gringo siempre había amado; y al ver como Gabriel la trataba se daba cuenta de cuanto lo detestaba, ella lo amaba por completo, casi se arrojaba a los brazos de Gabriel, y él no la lograba ver, solo tenía ojos para ella. Cuando Gabriel besó a Estefanía, el gringo observó a Carolina, y desde las sombras le susurró; ella no lo supo, no notó de donde venía la voz, y en su invisibilidad el gringo se frustró. En la noche esperó que Santiago y Gabriel durmieran y despertó a Jaime, le dijo que había llegado el momento, que tenía un plan y lo cumpliría. El gringo agarró la ropa de su hermano gemelo y salió a la casa de Carolina; tocó el timbre, ella abrió la puerta en pijamas, sorprendida, él haciéndose pasar por Gabriel la tomó por los hombros y la empujó a la pared con suavidad, pero con fuerza, la besó mientras su mano bajó a su entrepierna, ella sucumbió e hicieron el amor de inmediato. Intoxicado por haber logrado su cometido, el gringo partió rápidamente sin considerar lo que sus acciones harían en la vida de su hermano. Volvió a su casa, se desvistió y le pasó la ropa de Gabriel a Jaime, quien a pesar de ser un año menor era idéntico en todo sentido a los gemelos, solo tenía la mirada más fría porque escondía una ira permanente que rallaba en la sicopatía. De nuevo, se hizo pasar por Gabriel, tal cual el gringo lo había hecho, pero partió a la casa de Estefanía, golpeó la puerta, tal cual su hermano lo hizo, ella abrió en pijama, igual que Carolina, y él la tomó por los hombros empujándole con fuerza, pero sin suavidad; la besó, y al contrario de la sutileza del gringo, la mano derecha se fue directo a la garganta, donde apretó hasta que ella quedara sin aire y le entregara el último aliento en sus labios, le excitaba pensar que ella moría mientras él la besaba, así que así… sucumbió.

Jaime se fue, de nuevo sin considerar las acciones que cambiarían la vida de su hermano, y al volver a casa entusiasmado le contó al gringo lo que había hecho. Este le felicitó y empezó a calcular cuan lejos el plan los llevaría, cuando de pronto Santiago los descubrió… y ellos, sin darse cuenta que su frenesí los había cegado, jamás se dieron cuenta que el pequeño colgaba un puñal entre las manos. Caminó por detrás de Jaime, el más peligroso de los dos, y deslizando el puñal entre sus dedos le cortó el cuello, el gringo, desconcertado trató de hacer que su hermano reaccionara, pero cuando él se dio cuenta que había arrebatado la inocencia de Santiago con sus acciones, se apresuró a quitarle el puñal y en el forcejeó golpeó fuertemente al pequeño en la cabeza, causando que este se generara una herida que le quitó la consciencia. Desesperado, el gringo se clavó el cuchillo en su corazón, quitando su aliento y acabando con la hermandad que había seguido a Gabriel tranquilo en las sombras.

Gabriel despertó con la sirena de la policía y un sonido en su teléfono, era la mamá de Estefanía que le escribía preguntando sobre su hija. Hacía dos años que Carolina la había matado, y él seguía soñando cuan culpable era de lo que había pasado, pensaba en su parte de haber jugado con una mente tan voluble como la de su antigua amiga, y como ello le pasó la cuenta cuando se enamoró; y aun así, sentía que algo más se había ido ese día. La culpa lo había estado carcomiendo, y sin embargo, en esa pregunta que se reiteraba cada año con el aniversario, entendía que algo había cambiado, se sentía solo, las voces de la culpa no estaban, ni el niño, ni el gringo, ni el monstruo estaban; volvía a ser uno y solo había bastado una llamada confesando lo que había hecho, como había violado a Carolina, generando el desequilibrio en ella que acabo con la vida de su polola. Por fin reconocía su culpa, y en la decisión de pagar alcanzó la calma que por años había perdido.

Cuentos patéticos

Goran Y. Lausic King View All →

Profesor de Historia y Ciencias Sociales, egresado el 2008, Magister en Historia. Con un gusto y una formación literaria que se remonta a 1998, año en que desarrollé mi primera novela no publicada, y que no publicaré jamás (no está en condiciones).
Mi primera novel publicada fue A diez pasos a la oscuridad, publicada en Amazon, y me encuentro en etapa de diseño de portada para Página en blanco, mi segunda novela. Mientras escribo historia, novelas y demases, divulgo mi trabajo corto (cuentos y poemas, principalmente), por medio de este espacio en la web.

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