La soga

Hay algo que separa el ayer con el ahora, puede parecer como algo obvio, pero los detalles importan para entender que los ciclos son más importantes y complejos que un solo camino al mañana. Sí, en el ayer estaba esta misma mirada, profunda, enérgica, misteriosa, donde unas chispas de nuestras almas se escapan de nuestras retinas generando un lazo invisible que nos mantiene conectados a la distancia, que permite que sin que nos veamos, sintamos la sonrisa del otro dibujada, que aunque solo nos escuchemos, podamos sentir la calidez, sinceridad y templanza, que aunque solo nos leamos, nuestras voces nos retumben en el alma; sí, en el ayer esta mirada se originaba, pero ambos sabemos que en un momento la vimos cercenada, nuestras dudas nos hicieron ignorarla, y aunque nos amamos, decidimos seguir al lado y no encontrarnos. Y ahora esa mirada sigue intacta, y en esa separación no está la diferencia entre el ayer y el ahora, ni menos con el mañana… no, aun no.

Esa diferencia a veces se siente como una montaña, una de esas que a medida que más escalas los bancos de nubes te cubren la mirada, te impiden observar de donde venías, y de aquello que pisarías si es que acaso decidieras retroceder, obligándote a solo mirar adelante, sin tropiezos, sin devolverse a la seguridad, solo seguir sin importar adonde llegar… y me banco la montaña, aunque en la base de ella estaba esa mirada, y volver a nivel de suelo podría ser volver a encontrarla, y sin embargo, aquí está… una vez más. Y me doy cuenta de que has seguido conmigo en la escalada, y la mirada, ese lazo invisible que salía de nuestras retinas, es la cuerda que nos ha mantenido relativamente cerca a pesar que subíamos en laderas diferentes de la montaña, y ahora, que encontramos un valle, la mirada no es que vuelve a estar, se resume y se torna tangible, palpable, sensible, y me impresiona, porque a pesar del trayecto… aquí está.

La diferencia, esa nombrada diferencia, a veces se siente como la montaña, pero al final no lo es, es el recorrido, es la diferencia en la ladera que cada uno escogió, pero al final, los dos seguimos subiendo la misma, tratando de llegar a la misma cumbre, y el lazo que nos une sigue intacto cada mañana, y me he dado cuenta que lo refuerzo con cada saludo cuando llega mi alba, y lo fortalecer con cada explicación que me das de tus ausencias, y lo vuelvo a atar tomando en cuenta tu día, y tu aún más con cada buenas noches que culmina con la obviedad que nos hablaremos al día siguiente… y si, esa obviedad de nuestra rutina cementa tanto como lo hace que yo arranque siempre nuestro día, y así la soga ha resistido por mucho… y solo me alegra darme cuenta de la fortaleza que tiene ahora que te vuelvo a encontrar. Y ahora, ¿Qué diferencia el presente del mañana? Creo que solo la decisión si el camino sigue por laderas separadas, o bien, ¿tomaremos solo una dirección para que lleguemos a nuestro hogar?

Cuentos patéticos

Goran Y. Lausic King View All →

Profesor de Historia y Ciencias Sociales, egresado el 2008, Magister en Historia. Con un gusto y una formación literaria que se remonta a 1998, año en que desarrollé mi primera novela no publicada, y que no publicaré jamás (no está en condiciones).
Mi primera novel publicada fue A diez pasos a la oscuridad, publicada en Amazon, y me encuentro en etapa de diseño de portada para Página en blanco, mi segunda novela. Mientras escribo historia, novelas y demases, divulgo mi trabajo corto (cuentos y poemas, principalmente), por medio de este espacio en la web.

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