Los anhelos de marzo

Habiendo recibido el puñal desconcertado, César no comprendía, Bruto, a quien había querido como a un hijo estaba entre los conspiradores, y él solo sentía que el alma se le iba. Su mente, algunos decían, ávida de venganza lo llevaría a condenar al traidor, más él no lo pensó. En sus últimos momentos una lágrima se esbozó, el conquistador caía derrotado, más lo que sentía no era decepción, momentos de conversación aparecían en su mente, noches de reflexión, de diversión, abrazos, proyectos y sueños; se imaginó sobreviviendo, rodeado en una mesa por los hijos de Bruto, celebrando las glorias de su padre, y él, orgulloso, homenajeaba al que los romanos habían decidido llamar por primera vez honroso rey; pensó en sus laureles, en sus pergaminos, y en la gran Roma bruta. Sus ojos se fueron hasta que él ya no era más que polvo, pero Bruto persistía, ahora era de piedra, y en toda Europa se habían olvidado hasta el nombre de la ciudad misma; era el imperio Bruto, que gobernó por el mundo conocido y más, hasta que cayó; e incluso así persistió, visualizó palabras escritas, no en papiros, no en tablillas, en códices armados en libros donde se hablaba del perdón de César y del hijo que lo homenajeo en vida, en la magnitud del imperio de Bruto y del legado para el mundo que esos textos llamaban moderno, un mundo tan amplio e inmenso que César solo lo entendía como una maravilla, como no, si esas mismas páginas hablaban del hombre visitando las estrellas y colocando un pie en la luna.

César volvió a abrir los ojos, estaba en los idus de marzo rodeado de todos quienes los habían apuñalado, Bruto lo sostenía mientras él agonizaba, y en su último suspiro pronunció las famosas palabras, “¿y tu también, hijo mío?”, mas no eran palabras de decepción, eran una aspiración, César quería su sueño, quería el imperio de Bruto, y en ese segundo lo visualizó. La historia la sabemos, los seguidores del César se sumieron en el rencor; pero allí, rodeado de los dioses, cuando a Bruto le llegó la hora, César lo recibió, y en lugar de un puñal en la espalda, un abrazo le esgrimió… “¿y tu también, hijo mío?” y las palabras eran solo confusión, Cesar no había cerrado los ojos y estaba en ese otro lugar rodeado de los astros, solo giró el cuello y Bruto llegó a acompañarlo.

Microcuento

Goran Y. Lausic King View All →

Profesor de Historia y Ciencias Sociales, egresado el 2008, Magister en Historia. Con un gusto y una formación literaria que se remonta a 1998, año en que desarrollé mi primera novela no publicada, y que no publicaré jamás (no está en condiciones).
Mi primera novel publicada fue A diez pasos a la oscuridad, publicada en Amazon, y me encuentro en etapa de diseño de portada para Página en blanco, mi segunda novela. Mientras escribo historia, novelas y demases, divulgo mi trabajo corto (cuentos y poemas, principalmente), por medio de este espacio en la web.

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