Luces del alba

Quedaron pedazos de mí, fragmentos dispersos que carecían de sentido ni raciocinio; que miraban el ahora con los ojos de un cachorro abandonado anhelando encontrar a quien lo ha dejado, y tal cual, como ello, anhelando que ese alguien recogiera los pedazos y devolviera la forma de ser un solo ser. Así me encontraste cuando me reconociste, débil, torpe, inseguro… una sombra del hombre confiado que alguna vez se creyó el dueño del mundo, y todo por una niña, por un amor platónico que traicionó las confianzas, que dejó sin mañana, que rompió las promesas… a pesar de que fueron solo promesas.

Te conocí cuando no reconocía nada, en un momento en que solo era una sombra de alma, era un viajero que había dejado su sombra a la luz de una promesa, de un juramento que con la luz de la luna se había vuelto nada más que nada. Te conocí y el mundo se volvió esperanza, una luz de un mañana que viví intensamente mientras duró ese alba, y te amé… profundamente y ciegamente sin ver lo que venía después que el sol se asomara, y me cegué ante tu belleza y tu simpleza, y me perdí… y te fuiste, y quedaron fragmentos de mí, tal cual los quedaron cuando me reencontraste, fragmentos que ella recogió y armó un yo nuevo, un yo incompleto, pero coherente… porque el resto de los fragmentos te los llevaste sin darte cuenta, y no me dolió, tan solo acepté. Y fui un yo nuevo junto con ella, hasta que ella me quebró otra vez.

Y llegó otra vez el alba, un nuevo día se asomaba tras la noche tormentosa en que ella rompía sus palabras, y allí estuviste, trayendo de nuevo las piezas que faltaban, y esta vez me permitiste reconstruirme sin que tu fueras la clave de la reconstrucción, me diste la fuerza que necesitaba para encontrar al yo que se me extraviaba… y si antaño te amaba, hoy te amo de una forma más clara, con menos turbulencias y sin extrañar nada; hoy adoro tu belleza, atesoro tu compañía, pero no te necesito ni idolatro como lo hacía antes, ¿Cómo voy a hacerlo si hoy soy tres veces el hombre que antes era, los fragmentos del hombre de antes que me conocieras, el hombre que fui después de tu partida y el hombre que fui después que ella me quebrase? Hoy trajiste de vuelta la sombra, porque la luz de tu compañía hoy de nuevo me ilumina, pero no lo hace de la forma de antaño, hoy no hay angustia, desespero ni tampoco cobardía, hoy me doy cuenta que en la tarde no eres el sol que hace mi día… eres mi partner, mi compañera, mi mejor amiga, en quien pienso contarle mis cosas al terminar el día, y a quien pienso contarle el día que mi mundo se detenga de nuevo, y la noche fría de paso al alba de un nuevo día; hoy te amo, porque eres mi mejor amiga.

Cuentos patéticos

Goran Y. Lausic King View All →

Profesor de Historia y Ciencias Sociales, egresado el 2008, Magister en Historia. Con un gusto y una formación literaria que se remonta a 1998, año en que desarrollé mi primera novela no publicada, y que no publicaré jamás (no está en condiciones).
Mi primera novel publicada fue A diez pasos a la oscuridad, publicada en Amazon, y me encuentro en etapa de diseño de portada para Página en blanco, mi segunda novela. Mientras escribo historia, novelas y demases, divulgo mi trabajo corto (cuentos y poemas, principalmente), por medio de este espacio en la web.

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