Circulos

Nada es como antes, sentado solo, a oscuras, con solamente la luz que proyecta la pantalla de mi computadora iluminando mis manos, con el sonido de mis teclas minimizando el estruendo de las gotas golpeando mi techo, que disfrazan el aún más perturbador sonido del silencio ausente de este dormitorio que estaba acostumbrado a tus ronquidos; sin nada que oler más que el aroma de mis sabanas libres de todo rastro del perfume intoxicante que ocupabas cada mañana, que te colocabas en toneladas, pensando que por alguna razón ese dulzor irritante quedaba bien con tu piel; sentado acá, tratando de escribir unas palabras que hagan justicia a esa sensación de rabia que sentía hace dos años cuando te vi partir por esa puerta justo cuando más te necesitaba, y que me permitan expresar de buena manera como con el paso de los meses, y haciendo eso que amo más, logre olvidarme del sonido de tu voz y de la intensidad de tu mirada. Rabia descontrolada, al punto que en estos instantes, mientras trato de escribir estas palabras, tengo que hacer trampa; viendo una fotografía tuya, revisando algunos de esos viejos videos que grabamos años atrás cuando todo entre nosotros sencillamente vibraba. Debo confesar que estoy sonriendo, las palabras solamente fluyen mientras pienso que me quiero despedir, mientras pienso que aquello que estoy haciendo es un contrasentido, pues estoy diciendo que hace dos años que comencé el proceso de superarte, y comienzo a relatar esta historia precisamente hablándote a ti, y no hablando de ti.

¿Qué nos pasó, Camila?, cuando terminamos el colegio nada nos separaba, mientras entramos a la universidad superamos la distancia, obtuvimos nuestros títulos y post títulos y todo andaba de maravilla, o eso es lo que yo creía, pues jamás entendí como de repente, después que estuvimos haciendo planes de casarnos, con una sortija en tu dedo y un crédito hipotecario aprobado, apenas a mi papá le dio cáncer tu vaciaste el closet y te desapareciste de mi vida; ¿Qué pasó? ¿Qué tenía él que te hizo alejarte de toda tu vida? ¿De todo lo que habíamos construido por más de 12 años?…

Wow, no pensé que una lágrima correría por mi mejilla a estas alturas, si levanto mi teléfono esta la foto de otra mujer que me recuerda que tú ya eres parte del pasado, pero tu herida sigue abierta, y por más que creo saber la respuesta, jamás he escuchado de tus labios algo que me diga que lo lamentas.

Me quedé congelado por unos minutos, creo que la realización que todavía me afectas me hizo darme cuenta que el relato que estoy a punto de comenzar no es solo la historia de mi presente, sino que define por completo mi existencia; lo que me hace temer quedar muy al descubierto cuando estas palabras lleguen a su término y si por alguna razón la Fabi las termina leyendo, pero bueno, son riesgos que estoy dispuesto a tomar, y más porque la historia de nosotros me ha tenido en la más profunda sequia literaria de mi vida, y como la mejor de las historias comenzó justo unas semanas después que nosotros termináramos, creo que no me quedará mejor opción que comenzar despidiéndome de ti, y decirte que en cierto sentido esta novelita es una dedicatoria a ti; y por lo mismo, a lo largo de todas estas páginas sencillamente te estaré hablando a ti, contándote como fue todo desde el minuto que cruzaste la puerta hasta ayer, cuando por fin pude decir logré sacarte de aquí.

Cuando recién te fuiste seguí con mi vida como si nada en ella pasara, seguí levantándome temprano al trabajo, seguí volviendo tarde a casa porque me iba a cuidar a mi papá, pero con la única diferencia que los días no terminaban, el sol salía y se ponía, pero el segundero de mi reloj no se movía, para mi tan solo había pasado un día desde tu partida. La barba me creció, con el avanzar de mi intensa jornada mi cuerpo fue demostrando lo que mi mente no quería procesar, mi rostro demostraba las horas de insomnio, tal como la actual, sentado en mi cama con la luz del velador iluminando la fotografía tuya de la que no me quiero desprender, tratando de retener el aroma de tu perfume y el sonido de tu voz, ambos que mientras las hojas caían se fueron difuminando hasta perderse con la nieve que cayó en mayo. Me hacía falta una bofetada, que alguien le cambiase las pilas a mi reloj y comenzase a ver la fecha y hora efectiva, y no la ilusión de la jornada eterna; ese alguien fue Andrés, quien me dio una patada en los testículos que me obligó a despertar. ¿Acaso pensabas que si te ibas a vivir con mi mejor amigo no me enteraría nunca?, increíble que me demorase dos meses en enterarme, pero creo que eso explica la frialdad del Andy para el funeral de mi papá, que no era culpa, sino más bien lastima en sus ojos, mientras me trataba de dar un abrazo y devolver todo a la normalidad.

Que difícil escribir esto, la verdad es que no pensé que al ver mis pensamientos plasmados en la pantalla devolvería mi conciencia a las sensaciones de ese día, donde lamentablemente la traición sobrepasó la pena de perder al héroe de mi vida; tenía tanta rabia, pero era diferente, como si el pesar estuviese tan de luto como el resto de mi familia, como si mi madre no fuese la única que perdiese al amor de su vida, y en parte, creo que era así. El Andy era mi hermano, nos criamos juntos, vivíamos uno frente al otro desde los ocho años, y tú, eras el amor de mi vida, la única mujer con la que estuve desde los quince; éramos una familia los tres, siempre unidos, cercanos, apoyándonos el uno al otro ¿o siempre lo amaste a él y se rieron de mi de espaldas? ¿Acaso hice algo que los ahuyentó a los dos? ¿Cuándo decidieron que esta confianza tan estrecha se podía quebrar? ¿Qué estabas pensando, si lo amabas a él, cuando aceptaste casarte conmigo? ¿Podía más la costumbre? Demonios, siento la rabia aflorar, cuando pensé que la había superado, que el rostro y aroma de la Fabi habían reemplazado tu lugar como la mujer de mis sueños; pero la rabia es mucha, es obvio que aún te siento.

Tuve que cerrar el archivo y abrirlo de nuevo, si no paraba iba a romper en llanto de nuevo, pues era demasiado para mí, un rencor tan crudo e intenso que no me estaba dejando respirar; una literal patada en las bolas que hasta el día de hoy no dejo de sentir.

Después de enterrar a mi papá me tomé dos semanas de vacaciones en el trabajo, y decidí que necesitaba salir de Punta Arenas; por lo mismo compré un pasaje y me fui a Valparaíso donde la Fabiola. Sí, la conocí mientras estaba contigo, pero nunca pasó nada, no hice más que verla como amiga porque estaba enamorado de ti.

Mi historia con ella comenzó hace seis años, cuando nos fuimos a estudiar el postgrado, pero tú te fuiste a Santiago y yo a Viña del Mar, era una compañera de curso, no muy cercana al principio, pero que fue un muy buen apoyo durante la crisis que tuvimos ese primer año; espera, ¿no fue ese el año que el Andy estuvo viviendo allá? ¿Él causó la crisis? Ahora que lo pienso es tan obvio, ¿tenías una cita con él ese día de mi cumpleaños? ¿Cuándo pese a que almorzamos juntos tú te apuraste porque algo más tenías que hacer y yo no te hice drama porque en la noche debía partir a la costa? Siempre me pregunté la razón de la forma en que te despediste ese día, e incluso, porque no me devolviste las llamadas en dos meses, ¿tenías vergüenza? Te traté de justificar entonces, y la Fabi trató de hacerlo también, “a lo mejor está muy ocupada”, o “dale un poco de tiempo, si ya han pasado por tanto, en algún momento te contará lo que está pasando”.  Pero no fue el Andy con quien te vi dos meses después, fue otro tipo, besándote, justo frente a mi (aunque claro, no me habías visto); ¿recuerdas lo que me dijiste: “No sabes cuánto lo siento, pero estabas tan distante, hace dos meses que no sé nada de ti” ¡Te llamé todos los días! ¡¿Y yo fui quien me alejé?! Lo increíble es que no te tengo rabia por eso, sino que me enojo conmigo mismo, pues yo, el imbécil, te pedí disculpas y te rogué por poder volverlo a intentar. Tu respuesta fue, porque no decirlo, manipuladora: “ahora estoy con como quiera que se llame, y tenías que considerarlo”, y yo, el muy idiota, te di ese tiempo. Ahora que lo pienso, nuestra historia siempre fue bastante unilateral, por un lado u otro (si, no puedo desconocer que cuando recién comenzamos yo fui bastante mala clase contigo), y no es de extrañar que terminásemos como terminamos, rompiéndonos el corazón el uno al otro (sí, vi tu cara de decepción cuando me viste con un anillo en el dedo la semana pasada).

Me fui un poco por las ramas, creo que pasa cuando tratas de hablarle al amor de tu vida, que te volvió un ser miserable y desganado, que solo se ha conformado en su vida, porque sabe que la mejor opción de felicidad la perdió por infantilismo (repito, de ambas partes). Sí, eres el amor de mi vida, y no puedo negarlo; por más que ya no me imagine casado contigo, no puedo desconocer que fuiste tú quien me enseñó lo que es entregarse por otra persona, tener esa esperanza que el día de mañana vas a tener la oportunidad de compartir una conversación con ella, que verás su sonrisa, que su mirada se quedará pegada, y sus expresiones se volvieran tal dulces que hasta la forma en que me decías “hombre” quedó grabada en mi memoria llevándome a muy buenos recuerdos. Y por más que se lo que pasó, el hecho de que seas el amor de mi vida me queda demostrado porque día a día debo hacer el esfuerzo de recordarme que no es justo que te dedique un suspiro y un pensamiento, que además de todos esos bellos recuerdos, tu historia conmigo fue una de mutua traición y dolor, de decepciones y arrepentimientos, de hacernos sufrir de manera constante, por un periodo bastante prolongado de tiempo. Y sin embargo ese suspiro existe, y tu nombre queda grabado en el viento, y después me siento un imbécil por estar haciendo lo que estoy haciendo, mintiéndole a la mujer que más quiero, la que me mantuvo unido durante toda la tormenta, la mujer más bella del mundo, cuya mirada nadie ha superado jamás, ni tu siquiera, y entonces, solo allí, cuando me doy cuenta que estoy enamorado de Fabiola, es que me tranquilizo y me recuerdo que la Camila de la que estoy enamorado no existe, es una fracción del pasado que cambió por razones desconocidas, y que la mujer que me abandonó en mi momento más vulnerable es una desconocida que reemplazó al amor de mi vida.

Que difícil contar una historia cuando me pongo a hablarte a ti, y creo que es una causa perdida; creo que lo dejaré en estas palabras, y sacaré de mi organismo solo aquello que quise sentir. Lloraré tranquilo esta noche, y mañana por la mañana iré temprano a ver a la Fabiola a pedirle disculpas, le llevaré un enorme ramo de flores y le diré que ella fue quien me devolvió la vida, le pediré que se encargue de cuidarte, porque de verdad me importas, me volveré a afeitar, y trataré de reconstruir mi vida una tercera vez: la tercera es la vencida, dicen. Cierto, no te conté…

Al día siguiente que saliste por esa puerta toqué fondo y me dediqué a cuidar a mi papá, cuando este falleció me sentí desolado, por lo que me tomé unas semanas de vacaciones y me fui a Viña a ver a la Fabi; esas semanas se convirtieron en un mes, luego renuncié a mi pega y se convirtió en un año, con la Fabi nos enamoramos, y entonces mi mamá enfermó, cáncer también; la Fabiola me acompañó a Punta Arenas de vuelta, donde juntos cuidamos a mi madre y la hicimos feliz. Nos casamos, la Fabi quedó embarazada, pero durante el parto tuvo una reacción adversa a los medicamentos y falleció; me dio una hija preciosa, que se llama Fabiola por su madre. Un mes después de la Fabi, mi mamá se agravó y también la perdí, y desde entonces me volví a un lugar oscuro, donde lo único que me sacaba adelante fue mi hija. Trabajé sin sentido por dos años, luego empecé a escribir de nuevo, el Tomás armó una editorial y comenzamos a publicar juntos, y las novelas se empezaron a vender bien; hasta que… hasta que me volvía  topar contigo, y yo sigo ocupando el anillo en mi dedo.

¿Sabes? Quería sacarte de mí sistema, pero creo que he conseguido lo contrario, me encantaría recuperarte a ti y al Andrés en mi vida, dejando todo detrás, ¿siguen juntos? ¿o terminaron? Ya no los amo como antes, pero son tremendamente importantes en mi vida, y con tanta gente que he perdido ¿Por qué no nos damos otra oportunidad?

 

Cuentos patéticos

Goran Y. Lausic King View All →

Profesor de Historia y Ciencias Sociales, egresado el 2008, Magister en Historia. Con un gusto y una formación literaria que se remonta a 1998, año en que desarrollé mi primera novela no publicada, y que no publicaré jamás (no está en condiciones).
Mi primera novel publicada fue A diez pasos a la oscuridad, publicada en Amazon, y me encuentro en etapa de diseño de portada para Página en blanco, mi segunda novela. Mientras escribo historia, novelas y demases, divulgo mi trabajo corto (cuentos y poemas, principalmente), por medio de este espacio en la web.

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