Despertar

Sin siquiera abrir los ojos ya podía sentir la profunda humedad en el aire, tan distinta de la sequedad de su habitación, denotaba de esa manera que algo extraño ocurría, y la desorientación creció tras abrir sus ojos encontrarse solamente oscuridad. Sentado en la escalera, Matías sentía un dolor de espalda solamente justificable si hubiese dormido toda la noche en esa posición, pero estaba consciente que no era la situación, pues además de la oscuridad que indicaba la permanencia de ese estado nocturno, sus recuerdos y su vestuario le ratificaban que la última acción que había emprendido fue el insertarse dentro de su cama.

– No eres el único desconcertado – le dijo una voz femenina que de inmediato reconoció como la de Sofía, su antiguo amor hoy convertida en su mejor amiga – Si te hubieras visto aparecer de la nada cinco minutos atrás, creo que entenderías aún menos –

– ¿Sofía? – Matías se levantó y abrazó a su amiga – Que bueno verte, ¿donde estamos? –

– No lo sé, amigo, tan solo se que estamos solos en medio de la nada – le respondió la joven mujer al momento que un rayo generaba un destello de luz que iluminaba el ambiente – Y con algo de frío, ¿no crees? –

– La verdad que sí – Matías se miró dándose cuenta que no portaba nada más que unos boxer, y Sofía vestía solo un camisón – Me pregunto si habrá ropa arriba –

Subieron la escalera con miedo, sin saber que se encontrarían en medio de la oscuridad, no entendían donde estaban, ni como habían llegado a ese lugar, no existían formas de justificar su presencia, ni mucho menos de comprender la razón de ese particular despertar. Matías tomó la mano de Sofía mientras subían la escalera, hacia mucho tiempo que no se tocaban de esa forma, como enviándole una señal al otro para que extendiese su ser desde el brazo a todo el cuerpo que lo acompañaba, era una invitación a volverse cómplices y complementos, a que en medio de la oscuridad sus problemas se vean opacados por la presencia de ese otro significativo en el lugar; Sofía sonrió, de alguna manera el gesto le traía recuerdos de antes de su gran pelea, de como ambos parecían perfectos el uno con el otro, de como no necesitaban las palabras para comunicarse, que inclusive en medio de la oscuridad bastaba un vistazo a media luz para encontrar toda la necesaria tranquilidad.

En la cima de la escalera se vislumbraba solo una puerta, de madera por supuesto, como todo en esa casona en la que se encontraban. La iluminación era menos precaria que en el piso donde se encontraron, quizás debido a la mayor presencia de ventanas, las que permitían a esos destellos ocasionales iluminar el lugar. Abrieron el pórtico con mucha cautela, temían por lo que del otro lado pudiesen encontrar, pensaban en un lugar de pesadillas, o quizás volver al mismo lugar en el que despertaron, sin pensarlo mucho asimilaron la irrealidad del entorno en el que se encontraban y temían ver cosas aún peores que las que pudiesen imaginar, y a pesar de toda su valentía, las cosas que por sus mentes pasaban eran atroces, y el temor que superaba aquellas fantasías estaba a punto de hacerlos colapsar. Matías cerró los ojos y suspiró, seguía esperando que se tratase de un sueño y que todo acabase con tan solo abrir los ojos, pero el aroma de Sofía de alguna manera le garantizaba la realidad de la situación.  Al ver al interior de la habitación los relámpagos se detuvieron, y de pronto la oscuridad los abrazó en su plenitud; sin soltar la mano de su amigo, Sofía se adentró en la habitación, tropezando más de una vez con objetos que se hallaban bloqueando su camino. El silencio era abismante, ni las gotas de lluvia rebotando se dejaban escuchar, ni sus pasos, ni sus latidos, todo era opacado por el estruendo del viento que no hacía otra cosa que aumentar la sensación de frío, vacío y desolación; no era silencio propiamente tal, pero de alguna manera se oía peor.

– ¿Qué hacemos? – intentó decir Matías, percatándose de esa manera que Sofía no podía escucharlo. Extendió su brazo para alcanzar su oído y de esa forma susurrarle, pero con un movimiento el aroma de su ex desapareció. Retrocedió. Muerto de miedo comenzó a moverse por la habitación en búsqueda de su amiga, más que por encontrarla para no quedar solo en esa situación. Su corazón se aceleró, la respiración se le hizo pesada, y antes de poder encontrarla, se desvaneció.

Al abrir los ojos le dolían las pupilas y el aire se sentía aún más húmedo que tras el primer despertar; ¿donde estaba?, parecía ser un lugar distinto del que recorría con anterioridad, pues el suelo en el que se encontraba era frío y viscoso, como roca cubierta de musgo, muy lejano de la cálida pero rechinante madera de aquella mansión. Se intentó incorporar, pero el ruido de unas cadenas acompañó una sensación horrible de inmovilidad.

– ¿Quién eres? – dijo la voz sollozante de Sofía, que se escuchaba a su lado, pero a mayor altura – ¿Matías? ¿Eres tú? –

– ¿Sofi? ¿Qué está pasando? –

– No sé, estaba contigo en esa habitación y de pronto me desmayé –

– Desapareciste en la nada – le respondió – ¿Donde estamos? –

– No sé, pero somos juguetes para ellos –

– ¿Para quienes? – preguntó Matías percatándose que su amiga había tenido contacto con algún tipo de seres desde que comenzase toda la situación.

– Calla – dijo ella, haciéndole notar que se veía una luz a la distancia que Matías lograba percibir con dificultad – Ya los verás –

Pasaron varios minutos de angustiosa espera, cuando unas pisadas chapoteando agua se detuvieron exactamente al lado de él.

– Despertó – dijo una voz que le era extrañamente familiar a Matías – Ayúdame a levantarlo –

Unas frías manos tomaron a Matías por los hombros, eran pequeñas, como las de una mujer, y el tacto también era en cierta forma familiar. Alguien se hallaba erguido frente a él, con una leve antorcha que iluminaba muy poco a su alrededor, pero lo suficiente para ver que se hallaba encadenado al suelo, desnudo, y con algunos cortes en su cuerpo. A su lado alcanzaba a ver a una mujer, que él suponía era Sofía, atada a un pilar en exactamente las mismas condiciones de él.

– Ya están los dos despiertos, ¿es hora? – preguntó la mujer que levantaba a Matías, cuya voz sonaba bastante similar a la de Sofía.

– Sí, lo es – respondió el hombre levantando la antorcha hasta su rostro, permitiéndole ver a Matías que la voz familiar era la de él, un hombre idéntico en cada sentido a su persona.

– ¿Quienes son ustedes? – preguntó Sofía asustada.

– Calla – y ambos volvieron a perder el conocimiento.

Al abrir sus ojos Matías estaba en su cama, soltando un grito de alivio al ver que todo había sido una pesadilla. Se incorporó y fue al espejo, buscando en su cuerpo los cortes en un acto inconsciente, el sueño había sido demasiado real. Su teléfono sonó, un mensaje de texto había entrado, era Sofía que le preguntaba como estaba; Matías se extrañó por la coincidencia, pero sin hacer mayor caso tomó su bata y fue a buscarse desayuno, eran las ocho de la mañana y su familia ya debía estar en pie. Al abrir la puerta de su habitación vio todo en orden hasta que sintió una viscosidad al llegar a la escalera; claro, estaba teñida de rojo, al igual que las paredes de la casa. Desesperado, Matías se echó a correr, solo para encontrar a su padre desangrado y encadenado al suelo. Se quebró, cayó de rodillas y comenzó a llorar. No entendía que estaba pasando, que había ocurrido en el lugar. Alguien golpeó a su puerta.

– Investigaciones, abra la puerta por favor – dijo fuertemente una voz desde el otro lado del pórtico.

Matías no entendió nada, los oficiales llegaron y murmuraron algo, lo tomaron por la espalda y lo apresaron. Se lo llevaron de la casa sin que él dijera una palabra, estaba demasiado perplejo, y más por las carcajadas que oyó desde toda la casa al momento que se lo llevaban, unas risotadas victoriosas que solo él escuchaba, pero que no lograba ubicar el lugar de procedencia, tan solo tuvo una impresión cuando al pasar frente al espejo se miró y se espantó por su propia sonrisa.

Cuentos

Goran Y. Lausic King View All →

Profesor de Historia y Ciencias Sociales, egresado el 2008, Magister en Historia. Con un gusto y una formación literaria que se remonta a 1998, año en que desarrollé mi primera novela no publicada, y que no publicaré jamás (no está en condiciones).
Mi primera novel publicada fue A diez pasos a la oscuridad, publicada en Amazon, y me encuentro en etapa de diseño de portada para Página en blanco, mi segunda novela. Mientras escribo historia, novelas y demases, divulgo mi trabajo corto (cuentos y poemas, principalmente), por medio de este espacio en la web.

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