La noche de las camisetas mojadas

La ciudad nunca fue lo mismo desde que llegaron, digo, ¿qué lugar puede ser igual si está atestada de indeseables criaturas a las que nadie soportaba ni mirar?, pero por alguna razón, todos vieron el proceso como algo sumamente lógico y natural, y lo dejaron continuar, siguieron sus vidas como si nada. Las fiestas siguieron ocurriendo, los jóvenes siguieron asistiendo a la Universidad, los niños seguían aspirando con ella, los padres seguían soñando a través de los demás, pero en el fondo todos sabían que nada era igual… la ciudad estaba plagado de ellos. Solo bastaba con que buscaras y allí estaban, saliendo de la oscuridad, ocupando aquellas casas que la gente decente con tanto trabajo logró estructurar, obligándolos a dejar sus moradas, abandonando sus cosas, tomando decisiones estúpidas impulsadas solo por el asco y el desagrado.

Pero la sociedad no resistió por siempre, tardó diez años sin que nadie hiciera nada para que esas criaturas tomaran el control de las vidas de esos hombres, de esos ciudadanos de esfuerzo que solo querían vivir en paz, de todos esos jóvenes que solo anhelaban una mejor sociedad, de todos esos niños que solo buscaban celebrar y disfrutar. Nadie estaba libre de su influencia, y quién dijera hacerlo era un total y completo mentiroso.

La sociedad estaba estancada, ¿y por qué no? no era como si pudieran avanzar con completa normalidad, los trabajadores llegaron a un punto donde ni a sus fabricas podían ingresar, y los niños… los niños, lo que era lo más grave, dejaron de jugar. Pero los jóvenes, dios, los jóvenes, ellos marcaron la diferencia. Verán, nada puede interponerse entre un joven y la realización de sus sueños, ni siquiera millares de insectos gigantes que tomaran el control de la facultad, ni siquiera ello, pues cuando pasó, sencillamente los insectos no quisieron haberlo intentado.

No la llaman la noche de las camisetas mojadas por nada, la verdad que fue un espectáculo digno de admirar, y a mi parecer es crucial que esté en nuestros libros de Historia. Ellos, los jóvenes, casi todos estudiantes de la Universidad antes que el gobierno decidiera clausurarla debido al riesgo para la seguridad de sus estudiantes que significaba el mantenerla funcionando pese al estado de la ciudad, estaban hartos de lo que se hallaban viviendo, y a decir verdad, los entiendo, creo que nadie podría vivir en una sociedad gobernada por el miedo, el asco y la inseguridad. Más encima, ahora producto de ese mismo miedo se les coartaba la única posibilidad que tenían de continuar creciendo, de ser felices, de soñar con un mundo mejor, un mundo sin insectos. se cansaron, y quisieron hacer algo para enmendar su, hasta entonces, culpable pasividad.

No tenían poder factico, de verdad, solo de convocatoria, y con eso se las tuvieron que arreglar. Organizaron una fiesta, a la que millones de jóvenes de todo el país asistieron, algunos por solidaridad, otros por miedo a que la infección llegase a sus ciudades, y sus propios sueños afectaran. Verán, hay algo común en los jóvenes soñadores de esa época con los de la actualidad, que cuando pisotean los sueños de un igual, surge de inmediato el miedo comprensible que lo hagan con los propios, y en ese sentido los jóvenes tienen un sentido de la solidaridad y el compromiso que hasta un sabio ateniense llegaría a envidiar… ¡Ellos si que saben vivir en comunidad"!… perdón, no nos desviemos de la historia.

Los jóvenes, movidos por el temor de perder lo único que les quedaba, armaron la tremenda movilización, llegaron músicos callejeros, batucadas, cacerolas, trombones, guitarras eléctricas, en fin, cuanta cosa sirviera para hacer la mayor cantidad de ruido que pudieran generar; claro, llevaron además toneladas de alcohol, y kilos de droga para amenizar la situación, pero es comprensible, dado que eventualmente deberían armarse de valor para enfrentar a esos insectos que se habían apoderado de la sociedad. El punto de encuentro fue la Universidad, y a decir verdad, en el fondo solo querían celebrar, quitarse por un instante la sensación que no tenían control sobre las vidas que les había tocado llevar, poder pensar, por una vez, que no existe tal cosa como el destino, y que es uno quien logra que los sueños se puedan realizar, no el contexto de nacimiento, ni las situaciones absurdas que nos tocase atravesar.

Pero los insectos, dios, estos no eran como cualquier insecto, no eran como las cucarachas que salen de debajo de los muebles cuando las luces se apagan en medio de la oscuridad, no eran como aquellas hormigas que si no te agradan puedes aplastar, o bueno, quizás en algo se parecían a ellas; pero el caso es que no hablamos de insectos normales, sino de bichos que parecían ser personas de verdad, grandes, corpulentos, inteligentes, organizados y ambiciosos, y cuando vieron lo que estaba sucediendo, se dieron cuenta de inmediato que debían reaccionar. Su líder, un bicho horrible cuyo nombre, gracias a Dios, la Historia ha olvidado, diseñó un plan para dividir a los manifestantes, y era bien simple en realidad; él estaba consciente del miedo que los hombres le tenían, por lo que organizó a sus tropas en dos grupos que bordearían la facultad y disminuirían los números de los jóvenes al causar una división entre ellos: divide y vencerás. Contaba con el número, además, pero él estaba consciente que si un grupo de individuos reprimidos se organizara, por más que fueran pocos, entonces podrían tomar control de la sociedad, cielos, ellos lo hicieron, ¿por qué los jóvenes no?

Y así el plan se desempañó, y pareció funcionar, hasta el momento que los jóvenes, soñadores todos, idealistas algunos, extremistas los otros, decidieron que del festejo a la acción debían pasar. Divididos como estaban, aquellos que estaban atrapados dentro de la facultad quisieron enviar una señal, tiraron sus camisetas empapadas de sudor al piso, dándoles a los insectos una razón para atacar; era una muestra de desacato, de rebeldía, dar una seña que no se iba a tolerar el dominio insecto ni un día más. Y los insectos se acercaron, y los jóvenes extremistas se bañaron con todo el alcohol que podían alcanzar, y aquellos jóvenes que estaban fuera del circulo lo hicieron igual (Ya les dije como son los jóvenes, cuando te metes con los sueños de uno, rápidamente sienten amenazados aquellos sueños alcanzables de manera individual), y ellos, como estaban con sus camisetas puestas, las terminaron mojando igual, y acto seguido se prendieron fuego, y todos aquellos que observaban desde lo lejos notaron una pila de humo que indicaba que la sociedad había dejado que los sueños se quemaran una vez más.

Pero, por suerte para nosotros, un sueño es todo lo que se necesita, no un sueño que alcanzar ni anhelar, sino un sueño que se disipe, y que solo en su falta de realización notemos lo bueno que podría haber llegado a ser si hubiese sido alcanzado en primer lugar. Los hombres, al ver sucumbir a sus jóvenes, se organizaron y a los insectos llegaron a hacer marchar, se fue hasta la guerra por ello, y es por eso que a esos jóvenes nunca deberemos olvidar.

Cuentos

Goran Y. Lausic King View All →

Profesor de Historia y Ciencias Sociales, egresado el 2008, Magister en Historia. Con un gusto y una formación literaria que se remonta a 1998, año en que desarrollé mi primera novela no publicada, y que no publicaré jamás (no está en condiciones).
Mi primera novel publicada fue A diez pasos a la oscuridad, publicada en Amazon, y me encuentro en etapa de diseño de portada para Página en blanco, mi segunda novela. Mientras escribo historia, novelas y demases, divulgo mi trabajo corto (cuentos y poemas, principalmente), por medio de este espacio en la web.

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