Miradas

Siempre me he jactado de poder leer los ojos, de tener esa habilidad para con tan solo profundizar en la mirada de otra persona, puedo identificar los rasgos más profundos de su personalidad. Suelo ser bastante preciso con ello, por lo que siempre termino convirtiéndolo en una herramienta para determinar con que gente me debo relacionar. Pero lo que no me había dado cuenta, sino hasta hace muy poco, es que es precisamente esa costumbre la que me ha impedido lograr olvidarme de cada una de las mujeres que llegué a amar. ¿Y como no voy a hacerlo? Si veo sus almas con una trasparencia que nadie más alcanzará a visualizar, ¿y si después de conocerlas tan profunda y sinceramente las llegué a amar? ¿no es ese un problema difícil de solucionar?

Recuerdo perfectamente los ojos de la Jessie, con esa mirada rebelde, sincera y justa; ella era de esas personas que no podían quedarse impasible cuando a alguien lo podían pisotear… mi guardiana de las causas perdidas, no se conformaba con nada, y a todo le encontraba razón para lograrlo objetar. Había una tristeza profunda oculta en esos ojos, como si ese temperamento ocultase un desolador secreto que ni ella misma se atrevía a develar, pero en ella eso no se tornaba en lamentos, sino que combinado con una ira, sus emociones se revestían de una pasión sin igual. Su mirada era penetrante, que censuraba cada una de tus palabras, pero tus acciones no dejaba de admirar, odiaba la inconsecuencia, nada era bueno para ella y todo lo quería alcanzar.

Sandra fue un misterio que no dejé de intentar develar. Sus ojos parecían conocer perfectamente mi juego, pues cuando los buscaba hábilmente se lograban desviar. Había algo que ocultaba y que no quería que yo me pudiera enterar, y fue precisamente ese secreto el que mayor atracción en mi logró causar. Era como si ella misma me leyera cuando yo descuidado me encontraba, sus ojos me juzgaban, y eso no pude siquiera tratarlo de ignorar. Su mirada era intensa, apasionada como ninguna otra que conociera con posterioridad, pero había una incomodidad que con el tiempo crecía, pues cada vez que con la mirada la intentaba desnudar, me molestaba reconocer que el ejercicio tenía reciprocidad.

Pero los ojos de Carla fueron otra cosa, ellos me llevaron de inmediato a olvidar el juego en que me gustaba participar. Me bastó una mirada para descubrirlos, sin reconocer que a la segunda me habían logrado hipnotizar. Me volví loco, perdí el sentido, y mi ejercicio careció de finalidad. La conocí intensamente, pues de otra forma en esos ojos no se podía indagar; nunca vi mirada tan bella y tan expresiva, y aunque era desapasionada y calculada, tenia una profundidad que no me permitía de ella lograrme apartar. Sus ojos eran vida, el brillo en ellos a la más preciada estrella opacaba, eran una existencia profunda de un ser al que no dejaba de soñar, vibraba con cada momento que pasaba, y se iluminaba con solo verme llegar. Esos ojos eran más brillantes que la luna, y me llamaban a la distancia, sin dejarme soñar, y hoy tras mucho aún los veo, aunque tengo la certeza que en persona no los podré apreciar más. Pensé que la de Carla sería la última mirada que estudiaría a profundidad, que una como la de ella nunca se podría igualar. Me equivoqué.

Los ojos de Margarita son pura paz, de un azul tan calmo como las aguas de un lago que no se deja perturbar. Hay confianza en esa mirada, tranquilidad y seriedad, mas esa mirada pertenece a alguien que sueña, que sabe que nada la puede detener de alcanzar lo que se propone en realidad, tan solo es un alma en calma, un ser que no sufre por los caminos que le toca atravesar.

Me he dado cuenta que quiero seguir observando miradas, y es más, quiero volver a leer la última que pude encontrar, ver que nuevos hallazgos realizo, perderme en esa calma para ver si se puede contagiar. Quiero volver a sentirme perdido en los ojos de una mujer, quiero volver a reconocer que el mundo solo se aprecia desde ese lugar.

Cuentos

Goran Y. Lausic King View All →

Profesor de Historia y Ciencias Sociales, egresado el 2008, Magister en Historia. Con un gusto y una formación literaria que se remonta a 1998, año en que desarrollé mi primera novela no publicada, y que no publicaré jamás (no está en condiciones).
Mi primera novel publicada fue A diez pasos a la oscuridad, publicada en Amazon, y me encuentro en etapa de diseño de portada para Página en blanco, mi segunda novela. Mientras escribo historia, novelas y demases, divulgo mi trabajo corto (cuentos y poemas, principalmente), por medio de este espacio en la web.

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