El vagón

La luz roja se enciende, las puertas comienzan a cerrarse, parten los ochenta segundos en que treinta y nueve almas desconocidas comparten su destino. Cerca de la puerta que automáticamente acaban de encerrarlos, dos amantes se abrazan como si no hubiese un mañana, ella se aferra a él como presintiendo que algo pasará en su vida, él solo la acaricia, pero con la siniestra certeza que su romance no sobrevivirá a ese día. A su lado un hombre del mundo se aísla, su imagen no es mala, pero detrás de ese terno y esa corbata se esconde un cansancio que no tiene comparación en esta vida, un agotamiento de tanto trabajar con personas cada día, tantas, que ya no soporta la idea de compartir con desconocidos, por eso es que ahora escapa, se refugia en recuerdos, en fantasías, en las cosas como deberían haber sido, y no como resultaron en realidad. Jamás deseó tener ese trabajo de mierda, donde debe aguantar las idioteces de cientos de personas más, y más encima, después de tanto stress, debe lidiar con treinta y ocho presencias más, que por unos minutos lo agobiarán con su presencia en ese largo viaje a casa, donde ya nadie lo espera con hospitalidad. A unos pasos una joven duerme junto a la ventana, despreocupada más por el cansancio que por ingenuidad, ha tenido un día de los mil demonios, partiendo por el fallecimiento de su abuela, y empeorado porque se enteró que pololo la gorreaba desde hace años ya. A su lado, un joven de dudosa reputación revisa su cartera, nadie lo mira, es invisible, y eso es lo que frustra en realidad; no es una mala persona, es solo un impulso de la necesidad, gastó sus últimos pesos en volver a su casa, y ahora debe de algún modo buscar poder comer algo para el resto de la semana. Al frente suyo, y sin preocuparse de lo que pasa, dos compadres vuelven del hipódromo. Están demasiado ocupados con su propia transacción como para preocuparse de alguien más, uno de ellos es un afortunado, el resultado de las carreras le favoreció de verdad, al otro, no le fue como a su amigo, el dinero del mes apostó, y perdió la totalidad. El amigo ganador le pasa un gran fajo de dinero al otro, le preocupa que su amigo tenga problemas en casa y no lo pueda volver a acompañar. En la esquina, un punky calcula cuantos billetes se están entregando, se pregunta cuantos días con ese dinero a su hija podría alimentar; se trata de un anarquista despreocupado, tan rebelde que no considera adecuado trabajar, poco lo importa que hayan otras bocas que alimentar, pues al fin y al cabo, de alguna manera se la iba a arreglar. Sentado en el suelo un hombre piensa, la vida es muy dura como para estos instantes no aprovechar para reflexionar, a su lado un viejo verde le mira las piernas a una colegiala, mientras está ignorando la depravación de la que es objeto, conversa con sus amigas acerca del tipo que en el colegio la suele cortejar. Apoyada en la pared, una muchacha le escribe a su novio con el celular, mientras que a su lado una pareja se manosea sin reparo, impacientes de la hora en que llegarán a su hogar a su pasión liberar. En un rincón él mira a una muchacha, quien con coqueta suspicacia le responde de forma igual. De pie tres ancianos que vuelven a casa miran con lastima a cuatro jóvenes que sentados juegan, piensan en que ellos pueden ir fácilmente de pie, a diferencia de ellos, que por lo menos uno debe de una muleta apoyarse para caminar. Una mujer en otro lado del vagón teje, y él camina hacia el centro del lugar. Dos ejecutivos se comentan el exitoso día que han tenido, mientras que a su lado una joven sentada en el suelo llora porque le han descubierto un tumor cerebral. Ella también se mueve de su lugar, caminando a encontrarse con aquel que no la deja de mirar. Ambos caminan y se miran, pero entre ellos hay un mar de vidas, dos niños juegan, mientras viajan de la casa de uno a la del otro en algún lugar; un grupo de universitarios se apodera del centro, muy dispersos conversando sobre las clases del día y el carrete que se aproxima. Un hombre vuelve del gimnasio, y él logra meterse entre tanta humanidad; un sacerdote se lamenta del espectáculo, y ella dándole la mano da pie para que él la tome de la cintura lo besa con una pasión que para dos extraños no se justifica. En ochenta segundos dos extraños que intensamente se miraban se besan como si se conocieran, es entretenido el juego del túnel, le comenta, quién antes que las puertas vuelvan a estar abiertas saca de su bolsillo la joya que las mujeres esperan toda su vida.

Cuentos

Goran Y. Lausic King View All →

Profesor de Historia y Ciencias Sociales, egresado el 2008, Magister en Historia. Con un gusto y una formación literaria que se remonta a 1998, año en que desarrollé mi primera novela no publicada, y que no publicaré jamás (no está en condiciones).
Mi primera novel publicada fue A diez pasos a la oscuridad, publicada en Amazon, y me encuentro en etapa de diseño de portada para Página en blanco, mi segunda novela. Mientras escribo historia, novelas y demases, divulgo mi trabajo corto (cuentos y poemas, principalmente), por medio de este espacio en la web.

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