El recorrido

Javier no sabia que hacer con lo que sentía, pasaba con el numero de Magdalena grabado en el marcado rápido de su celular, pero nunca, desde hacia un mes, agarraba la fuerza necesaria para presionar el botón y hacer la llamada. No sabia que decirle, comprendía el error que había cometido, la impertinencia en las palabras pronunciadas, las lecturas erradas que se podían extraer de las ideas que había expresado; pero también sabia que no eran del todo falsas, y por eso la reacción de la Magda eran un poco exageradas. Esa tarde Javier se había subido a la micro para ir a su casa, el viaje era largo, pero ya estaba acostumbrado a esa hora de trayecto hacia el lugar que intentaba llamar hogar, lo intentaba, pues no lograba sentirse cómodo de ninguna manera, su inconsciente no dejaba de recordarle que ese no era su hogar, pues el hogar es donde esta el corazón de uno, y el de Javier claramente se había quedado allá, con Magdalena. Ese día había sido extraordinariamente nostálgico, pues más que nunca se había acordado de Magdalena, de cómo ella había sido la única persona en su vida con la que se le hizo fácil hablar desde que la conoció, con una confianza natural e inherente a sus personalidades, y que, conociendo la personalidad de Javier, era un verdadero milagro con difíciles posibilidades de que se volviese a dar.

Viajaba con el celular en la mano, con el número de la Magda digitalizado en el aparato, mirándolo fijamente, pero desviando la mirada de manera itinerante para tratar de volver a la realidad.

– ¿Quién es ella que dudas tanto en llamarla? – preguntó una muchacha que hacia un rato se había sentado a su lado, pero que Javier no se había percatado nunca de su presencia en primer lugar.

– Es una historia compleja – dijo él, sorprendido porque una desconocida le hablara en primer lugar – y no se si tendré tiempo de contarla –

– Donde te bajas – preguntó ella.

– Me queda como una hora de viaje todavía – respondió él, presionando el botón rojo del celular, el que volvió a su pantalla de inicio – ¿por qué? –

– por que entonces tienes tiempo para contármela, me bajo en una hora y media más – respondió ella, demostrando mucha confianza y comodidad.

– ya, me haría bien hablar, ¿por donde empiezo? – dijo él, guardando el celular y demostrando toda su atención en la interlocutora que acababa de encontrar.

– comienza por el principio – respondió ella – por cuando la conociste, que sentiste, que hiciste; y no omitas detalles, que mira que el relato tiene que durar toda la hora que nos tome tener que separarnos y continuar con nuestras vidas –

– Bien, la conocí exactamente tres años atrás – dijo mientras miraba su reloj – si, exactamente dos años, era un 8 de marzo cuando la vi allí, parada en la entrada de la Universidad, conversando con sus amigas –

– Entonces es una fecha especial hoy, ¿su aniversario? – intervino ella.

– De que la conocí solamente – respondió él, y esbozando una sonrisa continúo su relato – Como te decía, allí estaba ella, hablando con sus amigas. No sentí nada especial cuando la vi, no me aceleré, ni se me detuvo todo, como dice la literatura cuando conoces al amor de tu vida; no, sencillamente era una mina más, bonita, pero nada que así como resaltara por sobre las demás. El asunto fue que dentro del grupo en el que estaba hablando estaba Marco, un amigo mío, con quién habíamos estado esbozando planes de comenzar a diseñar nuestra tesis de egreso en conjunto. –

– O sea, déjame adivinar, ¿te acercaste al grupo a saludar a tu amigo? – intervino ella, mientras acomodaba su cabello, y fijaba la mirada en los ojos del hombre con el que estaba hablando.

– Exactamente, y a nada más que ello – dijo él – verás, siempre me he caracterizado por ser una persona tímida, con poca capacidad de entablar, de comenzar una conversación con extraños. Con ella fue distinto, saludé a Marco, y sin que me la presentara, yo me acerque a ella y me presenté; la química fue instantánea, nos largamos a conversar como si fuéramos amigos de toda la vida, inclusive a los quince minutos ya estábamos intercambiando teléfonos, por si algún día queríamos continuar la conversación que comenzamos ese día.-

– Que lindo, o sea, fue pura química – dijo ella, poniendo cara de fascinación – Fue como si sencillamente hubieran nacidos para estar juntos –

– Tu lo has dicho, pero así como todo se dio para generar esa confianza espontanea – continuó Javier – También el destino comenzó a jugar sus cartas para que nunca podamos concretar lo que parecía lógicamente obvio –

– ¿Cómo es eso? – preguntó ella intrigada.

– Yo me di cuenta de inmediato lo que tenía con ella, nunca me había pasado en mi vida – respondió él.

– ¿Pero? – intervino ella.

– Pero, por ejemplo, a la semana de haberla conocido, una amiga, que me conoce demasiado, pero demasiado bien, me dio una razón para dudar de lo que estaba sintiendo – contestó.

– ¿Y cual era esa razón? – Dijo ella – debió haber sido extremadamente buena para hacerte dudar tanto.

– Verás, yo venia saliendo de una relación de dos años, que había terminado en diciembre del año anterior – contestó él – Había sido una relación sumamente intensa, que algunos incluso me insistieron que era obsesiva. Yo quería mucho a Sandra, era una relación intensa, fuerte, y lo más importante, había sido la relación más importante desde lo que pasó con Francisca –

– ¿Quién es Francisca? – preguntó ella curiosa.

– A ver, Francisca fue mi primer amor – dijo él – Te voy a tener que hacer un resumen de mi historia sentimental para que entiendas también mi historia con Magdalena –

– Adelante, soy toda oídos – respondió ella, acomodándose en el asiento.

– Conocí a Francisca cuando tenía trece años – contó él, demostrando una incomodidad al hablar del tema – Fue la primera vez que me enamoré, y ella, como la mayor parte de las mujeres con las que me involucré en mi vida, no hizo más que utilizarme y reírse de mi –

– No faltan las perras – intervino ella – pero no te desilusiones, no todas somos así –

– Lo sé, pues después de Francisca conocí a la Caro, la muchacha más dulce que he conocido – contestó él.

– ¿Y que pasó? – preguntó la muchacha.

– Pasó que estábamos súper bien, conociéndonos, hasta que el destino hizo evidente esta competencia que estableció conmigo – respondió él – Una mañana me desperté y mi madre me informo que Esteban, el mejor amigo de Carolina había muerto en un accidente de transito. Desde entonces la Caro se sumió a una depresión, y nunca volvió a ser la misma –

– Que triste –

– Si, terrible –

– Y tú, ¿que hiciste? –

– Yo hice algo que terminé convirtiendo en un habito – contestó él, mientras miraba su reloj para controlar cuanto le quedaba de relato – Comencé a buscar sentir algo por alguien más, forzar una relación por así decirlo –

– Eso no es muy sano que digamos –

– ¿Qué vamos a hacerle? – Se rió él – yo era un pendejo herido por la vida, y quería una vía de escape que no fuera ni el alcohol ni las drogas –

– En ese aspecto parece el camino más saludable – se rió ella

– Y así fue por los años que siguieron hasta que conocí a la Sandra – dijo él – En realidad, la relación con ella surgió producto a ese mismo habito, pero fue la que más duro, y la que más posibilidades tuvo de prosperar también, ya que no la sabotee inconscientemente en ningún momento –

– ¡¿ya?!- dijo ella incrédula

– Si, lo creas o no, suelo sabotear mis relaciones – contestó él al gesto de incredulidad, medio burlesco, de su interlocutora – Y con Sandra no fue necesario, pues ella lo hizo por mí –

– ¿Cómo fue eso? – preguntó ella intrigada

– Resulta que en noviembre del año anterior al que conocí a la Magda, me encontré con una sorpresa muy desagradable – contestó él, cambiando su rostro a uno de seriedad y dolor – En un viaje que hicimos con la carrera, a si, éramos compañeros de carrera con Sandra, solo que no del mismo curso, ella era un curso menor que el mío –

– Pero, ¿y que pasó? –

– En ese viaje nos estábamos quedando en la sede que tenía la Universidad en la ciudad a la que fuimos. Yo, que estaba un poco cansado por el viaje, y mareado por el mismo, salí a tomar un poco de aire. Cuando volví, la vi a ella en el living del lugar, sentada con mi mejor amigo, besándose –

– ¡Que perra! –

– Si, bueno, yo soy un pobre idiota que siempre perdona – dijo él sarcásticamente – Y a ella la perdoné en solo dos semanas, pero a él nunca. –

– Ya, creo saber cual es la razón que te dio tu amiga por lo de Magdalena – intervino ella.

– Si, que era una sensación de rebote por lo que había pasado con Sandra – respondió él – Y la verdad, lo comencé a pensar. Pasaron los meses, y opte por no jugármela, por lo que comenzamos a construir una relación en otra dirección, como buenos amigos. Al comenzar el segundo semestre, y después de mucho tiempo sin hablar ni pensar en ella como algo más, me volví a dar cuenta de lo cómodo que me sentía con ella, por lo que esta vez decidí jugármela –

– ¿Y que pasó?, por que me da la sensación que hay otro pero –

– Y no te equivocas – dijo él sonriendo – Era mi semestre final en la Universidad, y comencé a tener una cantidad de problemas que ni te imaginas en la práctica profesional, al punto de que me querían echar de mi centro de practica inclusive –

– Por lo que el plano sentimental dejó de ser una de tus preocupaciones – dijo ella – Ahora entiendo eso –

– Cuando todo acabó con eso, y yo estaba decidido a jugármela con la Magda – continuó él – el destino jugó otra de sus cartas, y me enfermó –

– Y como era una enfermedad contagiosa, decidiste no jugártela, ni cuando ella se te insinuó – dijo ella

– Exactamente, y después, cuando me curé, me llegaron los resultados de mi postulación – continuó él relato – Y como tenia la certeza de que en un periodo no muy distante de tiempo me iba a ir de esa ciudad, consideré que lo más saludable era dejar la situación en status quo –

– ¿Y nunca consideraste lo que necesitaba? – dijo ella

– No, la verdad, no –

– ¿Y nunca pensaste en que podía sentir lo mismo que tú? –

– Un par de veces lo considere una posibilidad – dijo mientras sacaba el celular – La voy a llamar –

– Adelante – contestó ella mientras él comenzaba a marcar.

Javier se llevó el celular a su oído, mientras que, casualmente, el teléfono de su acompañante comenzaba a sonar.

– Para que veas que el tiempo te ha pasado la cuenta – dijo ella – Te acuerdas de los sentimientos y de los hechos, pero no reconociste ni mi rostro, ni mi voz –

– ¿Magda? – dijo él saltando en llanto

– Había escuchado el rumor de que habías perdido la vista, por lo que el que no me reconozcas te lo perdono – dijo ella mientras una lagrima caía por su mejilla – ¿Por qué no me llamaste? ¿Sabias que eres el hombre al que más he amado? –

– ¿Entonces por que no lo hiciste tú? –

– porque no me correspondía, fuiste tú el que se alejó –

– ¿Y por qué me buscaste ahora, entonces? –

– porque me enteré en parte de lo que te pasó – dijo ella, tomando su rostro con sus manos – Supe que comenzaste a perder la vista, casi completamente, y sentí que debía estar contigo –

– Sabes, es ridículo, pero hay ciertas cosas que tengo tan intrínsecas en mi conducta, que no dejo de hacerlas – dijo él llorando

– Si, lo se, amor mío, pero calma, todo saldrá bien – dijo ella, besándolo en la boca – Nunca más estarás solo, yo siempre estaré a tu lado –

Había pasado la hora, y estos dos extraños que conversaban casualmente en la micro se habían logrado dar cuenta de la verdad, no tenían a nadie más con quien contar, tan solo a un desconocido, que por cosas del destino, se convertiría en aquella persona que lo cuidaría por sobre todo. Entonces, y solo entonces, Javier se dio cuenta que esa micro si lo llevó a su hogar, pues al llegar al destino encontró su corazón, ese que había perdido dos años atrás.

Cuentos patéticos

Goran Y. Lausic King View All →

Profesor de Historia y Ciencias Sociales, egresado el 2008, Magister en Historia. Con un gusto y una formación literaria que se remonta a 1998, año en que desarrollé mi primera novela no publicada, y que no publicaré jamás (no está en condiciones).
Mi primera novel publicada fue A diez pasos a la oscuridad, publicada en Amazon, y me encuentro en etapa de diseño de portada para Página en blanco, mi segunda novela. Mientras escribo historia, novelas y demases, divulgo mi trabajo corto (cuentos y poemas, principalmente), por medio de este espacio en la web.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: