Mi forma de ser

Patéticamente me amargaba por nadie, ni un enfrentamiento había tenido, ni una relación me había atrevido a comenzar, ni a una persona me había atrevido a mirar. Estupidamente me lamentaba sin razón, no había dolor en mi cuerpo, no había ocurrido ni un evento lamentable en mi vida, ni un rasguño había sufrido en el último tiempo, pero aun así, me sentía decaído, solo y amargado. Todo el mundo me repetía que debía vivir la vida con alegría, pero yo no solo no podía, sino que a mi me agradaba crear problemas en que no se viera una salida posible, era un acto de masoquismo, claramente lo era, pues ese sufrimiento era maravilloso, el dolor me fascinaba, y más aun, había en esa desesperación de no saber que hacer un efecto bastante alucinógeno, más fuerte que cualquiera de las drogas que he probado en mi vida. El sentirme tan abrumado de problemas se había convertido en una necesidad, verme opacado por las sombras se había tornado en un requisito para mi supervivencia, era un momento donde mi mejor compañía eran los fantasmas que yo mismo convocaba y que mantenía a mi alrededor.

Cada día despertaba con ganas de saltar de un quinto piso, que de pronto me saliesen alas, y que mientras estuviera volando estas alas desapareciesen, y si no se esfumasen, yo con una navaja las cortaría para acelerar mi caída. Me hubiese gustado estar parado en una cornisa y ser lo suficientemente liviano para que el viento me elevase, y que de pronto me volviese pesado para que rápidamente la gravedad me haga pedazos.

Simplemente buscaba un método para fracasar, para simplemente desaparecer y no dejar rastro, para que yo deje de preocuparme de la gente que lastimaba, de la gente que se moría por las idioteces que hice; quería desaparecer, y que ni mi sombra me pudiese seguir. Pero seguía angustiándome cada vez más, y eso me fascinaba, pues yo intentaba caer e irónicamente yo mismo me levantaba, mis manos sostenían el revolver y mi mente le quitaba las balas. Me gustaba sufrir, me gustaba la sensación de estar en esa situación limite de no saber cuando tu vida va a acabar, de no saber cuanto tiempo más puedes aguantar en el filo de la espada sin ser rebanado.

Yo era un idiota, hasta que gracias a Dios desperté; una mañana estrelle mi auto contra un camión, mi acompañante falleció pero yo me salve por unos pocos segundos, y desde que la muerte pasó tan cerca mió sin tocarme, que yo cambie mi actitud. Estar tan cerca de la muerte no me gusto, la desesperación me asfixio y me di cuenta que no soy capaz de ser mi propio verdugo, me di cuenta que la vida es muy preciada para ser desperdiciada, y desde ese día no soy yo.

Cuentos patéticos

Goran Y. Lausic King View All →

Profesor de Historia y Ciencias Sociales, egresado el 2008, Magister en Historia. Con un gusto y una formación literaria que se remonta a 1998, año en que desarrollé mi primera novela no publicada, y que no publicaré jamás (no está en condiciones).
Mi primera novel publicada fue A diez pasos a la oscuridad, publicada en Amazon, y me encuentro en etapa de diseño de portada para Página en blanco, mi segunda novela. Mientras escribo historia, novelas y demases, divulgo mi trabajo corto (cuentos y poemas, principalmente), por medio de este espacio en la web.

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